UN LOPE DE LEYENDA: LOS PORCELES DE MURCIA
Este blog no había tenido hasta ahora la oportunidad de traer representado al género teatral, difícil de atrapar en estos formatos de la escritura. Y lo hacemos precisamente con un autor que caracteriza como pocos el espíritu de lo escénico: Lope de Vega (http://casamuseolopedevega.org/es/lope-y-su-obra/biografia ).
Lope
Lope pertenece a una época, a caballo de los siglos XVI y XVII, ya durante el Barroco, en la cual el teatro alcanza una significación social y cultural de relevancia comparable tan sólo a la Gracia Clásica. Las emociones y sinergias que se establecen entre las tablas y el patio, es decir entre lo representado y el público, se identifican con el imaginario inconsciente de toda una sociedad. Se trata de una corriente viva que se establece entre lo que se expresa y lo que se reprime, y de cuyo espíritu está empapado Lope, cuya rara intuición poética y antropológica era capaz de detectar las motivaciones ocultas de la expresión colectiva de lo popular, que no sólo transformaba en creación, sino que ésta era devuelta a la conciencia colectiva como manifestación de la misma, que no otra cosa es el ritual escénico.
Hemos elegido, como un ejemplo de este uso creativo y poético por parte de Lope aprovechando todo tipo de fuentes y materiales para crear sus obras, la comedia “Los Porceles de Murcia, cuya trama principal se basa en una leyenda popular de la ciudad del Segura.
La Leyenda
La historia (http://www.laverdad.es/murcia/ciudad-murcia/201501/25/dona-juana-pario-siete-20150125001931-v.html), resumida, cuenta que la mujer de un señor importante de Murcia, de apellido Porcel, dio a luz, en un mismo parto, a siete niños. Para no ser acusada de engañar al marido y quedarse embarazada de forma ilegítima de muchos hombres, por la creencia de que el parto natural de un hijo/a, con cada embarazo, se debía a mantener relaciones sexuales exclusivamente con un único hombre. La madre decide, entonces, dar muerte a seis de los recién nacidos, y ordena a una criada de confianza que al caer la noche los saque a escondidas fuera de la ciudad y los arroje a una acequia cercana. Ocurre que cuando la criada atraviesa la puerta de la muralla es sorprendida por la guardia nocturna y encerrada en un calabozo, aunque no dice la verdad sobre quien es la verdadera madre de los niños. El padre de las criaturas, que estaba en el momento del alumbramiento de viaje, es informado, nada más entrar a Murcia, la mañana siguiente, del arresto de su criada. Conducido ante ella, ésta le confiesa lo ocurrido. Él no cuenta nada a su mujer y le oculta que sus otros hijos no están muertos, así como que los ha dejado en adopción repartidos entre familias de la huerta. Al paso de los años, y con ocasión de la presentación en sociedad del heredero familiar, que la madre piensa hijo único, el padre aprovecha para traer a los restantes seis hermanos, que no se conocen entre sí, y mostrando a sus siete hijos varones ante los señores importantes de la ciudad, proclamarlos legítimos, haciendo saber la historia.
Los Porceles de Murcia
Lope hace de esta leyenda murciana el eje principal de la comedia Los Porceles de Murcia (http://www.cervantesvirtual.com/obra/los-porceles-de-murcia–0/), pero el tema de la obra es más ampliamente el de la fecundidad y la procreación, contraponiendo la fertilidad de la naturaleza a la responsabilidad que sobre la maternidad y paternidad adquiere el individuo y la sociedad humana. Se establece un paralelismo en la misma obra entre los cuidados que se procuran a las abejas y los gusanos de seda, así como a los cultivos de que dependen, como la morera, y el de los recién nacidos, que son sin embargo, en principio maltratados. Se evidencia un conflicto entre naturaleza y cultura, en el cual es ésta, como fruto de la actividad humana, la que puede modificar normas y creencias colectivas que rigen cualquier comunidad.
Mostramos un fragmento de la comedia lopesca en el cual se yuxtaponen fuentes, elementos y niveles diversos. Con respecto a éste último contrasta la referencia culta del soneto inicial (recitado por otra de las protagonistas de la obra, una madre de gemelos abandonada), con lo popular de la coplilla que se canta a una Virgen en una escena de romería (seguramente la Virgen de la Fuensanta, aunque todavía no era la patrona de la ciudad de Murcia):
DOÑA ÁNGELA Con los dos niños en brazos
Prendas del alma que adora y ama,
si vida el cielo en tanto mal concede
a quien en las desdichas sola excede
a cuantos por amor tuvieron fama,
vamos los tres donde la suerte os llama,
porque contenta de matarme quede
fruto de mis entrañas, donde puede
mejor el fruto que en la rama verde.
venid conmigo, hermosas luces bellas;
que llevando dos ángeles por guías
pondré su gran esperanza en ellas;
esforzad contra el tiempo mis porfías,
pues, en efecto, servirán de estrellas
en el tomar de las desdichas mías.
Vase. Dan grita de regocijo, músicos cantando a la fiesta de una ermita, con hombres y damas
MÚSICOS
A la Virgen Bella
de aquesta ermita
cielo y tierra celebren
su dulce día.
UNO SOLO
A la bella Virgen
Que a tantos guía,
Dá salud, rescata,
Dá gloria y vista.
Murcia, que la tiene
por amparo, diga:
cielo y tierra celebren
su dulce día.
DAMA
Entrémonos por aquí,
Mientras que Avelar entramos.
HOMBRE
Cortemos algunos ramos.
HOMBRE 2
¿Harémos cabaña?
DAMA 2
Sí.
MÚSICOS Cantan
Morenica me adoran
cielos y tierra;
que del sol de mis brazos
estoy morena.
UNO SOLO
Tanto sol me ha dado
del niño hermoso,
que hasta el pecho amoroso
tengo abrasado;
todos me han llamado
blanca azucena;
que del sol de mis brazos
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